Los días en
lima son muy variables, ya nublados ya
despejados, pero las noches casi siempre son las mismas, siempre llenas de
nubes sin otra cosa que hacer que nublar acompañadas de luces artificiales por
montones que a ladrillan el cielo. Esta noche en particular me siento muy
confundido Alejandra.
Quisiera
saber más de tus días, que los míos son casi siempre los mismos, esta noche
pensé mucho en ti y por un momento albergue alguna esperanza, mas estas son
extinguidas tan pronto como nacen y no por otro que por mí mismo.
Estas
cartas a ti me ayudan a sentirte a mi lado, y cuando no te escribo solo pienso
en lo que te diría si estuvieras conmigo en ese camino, en aquella banca del
parque, en aquel lugar que guardo solo para pensar en ti. Todo el día ensayo
palabras y rebusco frases para sorprenderte, más siempre el sorprendido término
siendo yo cavilando cabizbajo sobre encuentros que me parecen tan imposibles y
lejanos que descorazonan.
Te imagino
mirándome con ternura y comprensión cuando te narro mis desventuras en estas
calles, o sobre aquellos mis pensamientos que siempre te parecieron tan
confusos. Te imagino quedándote en silencio y calmando mis iras con una sonrisa
hermosa. Te imagino pues, conmigo de la mano explicándote a cada paso el por qué
de las calles y aburriéndote a morir con interminables banalidades que escucharas fingiendo interés por que tu
eres así conmigo.
Qué buena
eres conmigo cuando te imagino Alejandra, contigo mis realidades parecen sueños.
Te imagino a veces con un vestido azul cielo sencillo pero muy hermoso, me
imagino abriéndote la puerta para bajar del auto y brindándote mí abrigo con
gusto al atardecer.
Eres mi
auxilio en soledad Alejandra, me recuerdas que te tengo con una mirada
imaginada, no tienes que decir nada porque yo lo sé con solo mirarte, veo mi
reflejo en tus ojos y me pregunto si el amor que veo en ellos no es el amor que
por ti profeso el que se me refleja de vuelta.
También me
molesto contigo Alejandra, me disgusta saberte lejos y sentirte tan cerca, el
imaginarte me causa un conflicto muy grande, porque al mismo tiempo que llenas
mi soledad con tu ilusoria compañía también me recuerdas que no te tengo y que
todavía no estoy listo para ti.
Fue un día
martes Alejandra, fue martes cuando te imagine a mi lado por primera vez.
Recuerdo que era aun invierno y traías un vestido negro de noche, una gabardina
y zapatos de tacón alto, te hacían ver tan distinguida que casi no te reconocí.
Recuerdo que quisiste ir a cenar y fuimos ambos agarrados de la mano como hermanitos.
Aquella noche cenamos del mismo plato, mientras yo te contaba la historia del
restaurante y trataba de lucirme con mis conocimientos de la culinaria
francesa, mientras tú, como siempre, me escuchabas tranquilamente y asentías de
cuando en cuando. No terminaste tu primera copa de champagne y quisiste ir a
casa, recuerdo te acompañe hasta tu puerta y te vi tan hermosa con tu vestido
negro como la noche y por un momento temí que las estrellas dejaran de brillar
avergonzadas ante tu belleza.
Me despedí
rápidamente, me agobio un sentimiento de angustia y hui como un cobarde, lo
lamento. Aquella vez no pude enfrentarme a tu sensualidad, me sentía desarmado
e indefenso como un niño perdido y tuve que partir rápidamente.
Recuerdo
que evitaba verte por que el simple hecho de recordar nuestra velada me
atemorizaba, me estaba enamorando de ti como nunca lo hice con nadie y eso no
podía permitirlo. Siempre tuve miedo al amor Alejandra y por ello siempre lo
evitaba. No me permití volver a imaginarte hasta mucho tiempo después, hasta
que me sintiera lo suficientemente seguro de haber superado aquella ráfaga de
amor que me acribillo en nuestra primera cena. Cosa que nunca pude hacer
totalmente.
Habían
pasado ya varias semanas desde aquella cena y me sentía renovado, y allí
estabas junto a mi nuevamente, esta vez fuimos a pasear a la playa, lucias una
falda blanca muy larga que bailaba con el viento y una playera también blanca,
recuerdo mucho que caminamos descalzos en la playa mirando al horizonte sin
intercambiar palabra, dejando que nuestros corazones hablen entre ellos. Pero
me sentí intimidado por tu comodidad y alegría e interrumpí el momento con una
estúpida pregunta:
quieres comer algo?
quieres comer algo?
Francamente
me desconcertabas Alejandra, eras tan mía que me asustabas.
Creo que te
ame muchas veces esa tarde Alejandra. Ame en especial tus silencios que me
parecieron incómodos, ame mi forma de imaginarte y ame también a tu silueta siempre
clavada de pie frente a mí.
Esta noche
no estás a mi lado, me gusta escribir a solas y lo sabes. Creo que fuiste a tu
casa, debes de estar durmiendo cómodamente y sin pensar en mí. Me alegro mucho,
espero que disfrutes tu soledad como yo disfruto la mía.
Esta noche
pensé en nosotros y parís, y lo siento lejano, mi pecho está lleno de tristeza
esta noche Alejandra y quiere matar toda esperanza que nace, trato de rebelarme
pero me siento débil en tu ausencia.
Mañana te
invitare a desayunar y acudirás a primera hora como siempre, te sentaras en tu
lugar favorito de la mesa de la cocina y me veras preparar café para dos
mientras te cuento como soñé contigo durante la noche y como el aroma de mi
sleeping me recuerda a ti, y cuando duermo con el siento que te abrazo.
dkarraZ